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Lo QuE Se CoMentOo!

Disculpe las molestias 2.0

Enviado por Bárbara Mora el 06/12/2007 a las 23:54
Bárbara Mora

Hola, Buenas, discupe ahh, supe que el corazón mando una carta quejandose por el problema con las locas de arriba, sii, esas..mm la soledad, la tristeza y la melancolía. Pero yo vengo porque tengo otro problema, y talvés no tenga nada que ver con lo que trato de expresar el sr. corazón.

Soy una parte del cuerpo, mm bueno no soy parte fisica, pero tengo a mi asistente la conciencia que me da apoyo fisico junto con el cerebro. Y la verdad es que como Alma, por si no se lo había dicho, creo que usted y yo tenemos cuentas pendientes.

Necesito que me explique porque está usted enviando tanta felicidad sin motivo alguno, yo no he autorizado ese tipo de envíos. Porque que me encantaría que fuese más precisa, no como el horóscopo que ve la que vive en mi cuerpo, que nunca le achunta, estamos peor que cuando vemos el tiempo en la tele. Quiero pedirle mayor precision, porque las emociones ya se están quejando porque estan arriba y abajo cada 2 segundos. No estoy dispuesto por ningún motivo a pagar los costos que implican su mala administración de Alegría.

Mandese una sonrisita cuando reciva buenas noticias, no cuando se esté acabando el mundo, por lo que va a tener que ponerse de acuerdo con el llanto y coordinarse muy bien ya que se vienen fechas importantes y según mi asistente, la conciencia, quien me está informando por el interno que tenemos una agenda muy ocupada a nivel emotivo. Asi es que a más tardar el Lunes, necesito que me tenga ese problema solucionado.

Otro punto que quería aclarar, es la visita del llanto a mi cuerpo, la verdad es que de ese pelotudo me estoy aburriendo, sé que sanidad me lo exige para mantener esto linpio, pero porfvor, no cree usted sra Felicidad que está exagerando un poco. Por lo mismo quiero agregar a esta carta que no se ha cumplido en un 100% laspeticiones hechas por el corazón, no me refiero a los envíos de Alegría si no a que usted no ha hablado con las inquilinas ya mecionadas, y me están revolviendo el gallinero. Tema que también le ruego que resuelva para el lunes y me envíe un informe detallado con todos los cambios que haya hecho. 

Atentamente El Alma.

Corporacion: Cuerpos Equilibrados Cía.Ltda.  

 

Asistentes: Conciencia, cerebro.

Cuerpo responsable: Bárbara Daniela.


un nop cuento

Enviado por el 09/12/2007 a las 20:37
Francisco Mora
El coleccionista de sonrisas
 
El 26 de agosto de 1990, en la segunda página del ‘The New York Times’, se publicó la fotografía de un atentado producido durante la invasión de Irak a Kuwait. A pocos metros de los cadáveres de un par de civiles, una niña miraba lo que parecía ser una muñeca, mientras que el artículo correspondiente mencionaba a 18 kuwaitíes exiliados, que recordaban a sus más de 500 compatriotas muertos. Y si bien existía una relación entre el texto y la imagen, el rostro de la niña hablaba de otra historia, que no tenía nada que ver con los personajes retratados. Era como si ella hubiese acabado de sonreír hacía un segundo.
 
Albert O'remor no era corresponsal de guerra, pero a su representante le fue sencillo contactar con el ‘Times’ y venderle los derechos de la fotografía, porque O'remor gozaba de cierto prestigio en el ámbito artístico neoyorquino. Aunque prestigio no es el término más adecuado para definir su posición en ese gremio. Prácticamente no se hablaba de la calidad de su trabajo, sino del tema recurrente que siempre abordó en sus obras, derivando las conversaciones hacia los posibles orígenes de su obsesión, donde las opiniones eran encontradas e iban de lo dramático a lo sublime, pasando incluso por la burla. En lo que sí estaban todos de acuerdo era en que su ‘enfermedad’ era degenerativa. Si no fuese así, por qué otra razón viajó a Kuwait a retratar a esa niña, por qué necesitaba situaciones cada vez más dolorosas para capturar una sonrisa.
 
Albert O'remor, de madre danesa y padre irlandés, nació en Baltimore, Estados Unidos, en 1958. Ya a sus cuatro años, Albert comenzó a manifestar una especial atracción por las sonrisas ajenas y, con el tiempo, pasó a convertirse en una profunda fascinación, despertando un incontrolable deseo por coleccionarlas. En su octavo cumpleaños, le obsequiaron una ‘Instamatic 133 de Kodak’. Como era de suponer, al comienzo, cualquier sonrisa le valía, mas ese comienzo fue muy breve, porque el mismo día en el que le regalaron la cámara, agotó el carrete con los rostros de los invitados que posaron para él y no pudo ver las imágenes hasta tres semanas después, cuando consiguió ahorrar lo suficiente para revelar los negativos.
 
Tras esa primera experiencia, se dedicó a sorprender a sus familiares con la intención de obtener sonrisas espontáneas. Los flashes provenían de debajo de una cama, del asiento posterior del coche, de entre las ramas, del armario y de cuanto lugar le sirviese para su cometido. Una vez completado su décimo álbum, volvió a cuestionarse, optando por  incluir a desconocidos. Así lo hizo durante más de una década.
 
A pesar de aparentar ser un dato irrelevante, antes de proseguir, me gustaría destacar una de las series que formó parte de este período, compuesta por las sonrisas de una hippie que mostraban las distintas variaciones de la expresión con respecto al tipo de droga que ella había consumido. Esta serie -no en ese momento, pero sí cuando reflexionó al respecto- ocasionó que O'remor hiciese una pausa prolongada. Los siguientes dos años no tomó ninguna fotografía, los empleó en clasificar las 16,478 que ya tenía. Fue consciente de que una sonrisa al despertar tenía distintos matices que una al acostarse, que la de su hermano menor era distinta cuando veía a su madre que cuando veía a su padre, que la de su abuelo variaba en el día y no con la edad, que una sonrisa no era más bella por el rostro sino por la sinceridad y que, sin excepción, todos teníamos la capacidad para mostrarla. En ese punto tuvo dos sensaciones. Su colección era bella; sin embargo, no era tan especial. Cualquiera podría tener una como la suya, simplemente era una cuestión de tiempo y dedicación. Se quedó en blanco tres años más.
 
En 1984, volvió a coger la cámara bajo la siguiente premisa: “Todos podemos sonreír, pero no todos somos iguales”. Se puso a fotografiar a personas famosas. Le duró una semana. Las revistas de un quiosco contenían más de las que él podría conseguir en toda su vida. Se sintió estúpido por haber planteado una premisa tan vulgar. Lanzó otra: “Todos podemos sonreír, pero a unos les cuesta más”. Con el ánimo renovado, retrató a mendigos, minusválidos, a payasos sin disfraz, soldados de guardia y a cuanto estereotipo se le cruzó por la mente. Se dio cuenta de que no era tanto un asunto de personas… y se atrevió a lanzar una tercera: “Todos podemos sonreír, pero hay momentos en que nos es casi imposible hacerlo, porque no nos nace o nos lo prohibimos”.
 
Albert pasaba las mañanas observando los entierros y, en las noches, hacía guardia en la sección de urgencias de los hospitales. Una que otra vez, para variar la rutina, se asomaba a los incendios y a otras desgracias ocasionales, conducta que fue muy criticada tanto por algunas instituciones sociales como por la mayoría de los artistas neoyorquinos. No obstante, O'remor sostenía, de cara a sí mismo, que una sonrisa, en un momento de tragedia, evitaba que se destrozasen fibras emocionales profundas. Para valorar mejor su perspectiva, es necesario enfatizar que a él le deslumbraban las sonrisas y no las risas (ya sean con gracia o histéricas).  
 
Unos meses antes de que Irak invadiera Kuwait, Albert O'remor se había instalado en Oriente Medio. Quería saber cómo eran las sonrisas de las personas que vivían en una tragedia constante. Sin duda, su fascinación lo colmó. Eso explica que el día en el que retrató a la niña del ‘Times’, cuando se produjo la explosión seguida de un tiroteo, en lugar de correr, le regaló la muñeca a la niña, para fotografiarla. En medio de esa sesión, una bala lo alcanzó. La pequeña dejó la muñeca y cogió la cámara.
 
Tras su muerte, se realizó la primera exposición sobre su trabajo. La galería Leo Castelli presentó la “Smile's Collection”, incluyendo la foto que tomó la niña kuwaití, la única en la que aparecía Albert O'remor.

 

 

 

 

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Fco Mora Collao




La mente es la herramienta básica de la supervivencia

Enviado por el 07/12/2007 a las 15:04
Hernán Muñoz

La mente es la herramienta básica de la supervivencia
La mente es algo más que la conciencia explícita inme­diata.  Es una compleja arquitectura de estructuras y procesos.  Abarca más que los procesos verbales lineales, analíticos, a veces popularmente descritos de forma confu­sa como actividad del "hemisferio izquierdo del cerebro".  Abarca la totalidad de la vida mental, incluyendo lo subconsciente, lo intuitivo, lo simbólico, todo lo que a veces se asocia con el "hemisferio derecho".  La mente es todo aquello por medio de lo cual nos abrimos al mundo y lo aprehendemos.

El proceso de pensamiento

Aprender a reconocer que hay disparidad entre nuestro comportamiento y nuestros sentimientos, descubrir cómo afrontar el dolor y la ira de forma que curen y no destruyan: todo requiere un proceso de pensamiento.

Aun saber cuándo se deben abandonar los esfuerzos conscientes para resolver problemas y trasladar la tarea al subconsciente, cuándo detener el pensamiento cons­ciente o cuándo prestar una atención más estrecha a los sentimientos o intuición (percepciones o integraciones subconscientes), todo requiere un proceso de pensamien­to, un proceso de conexión racional.

 Podemos efectuar elecciones racionales o irracionales

Somos la única especie capaz de formular una visión de qué valores merecen perseguirse y luego elegir el contra­rio.  Podemos decidir que un curso de acción es racional, moral e inteligente y, tras ello, suspender la conciencia y realizar otra acción.  Podemos controlar nuestro comporta­miento y preguntarnos si es coherente con nuestro cono­cimiento, convicciones e ideales, y podemos, también, elu­dir plantearnos esa pregunta.  La opción de pensar o no pensar.

Si sé que el alcohol es peligroso para mí y sin embargo bebo, primero debo apagar la luz de la conciencia.  Si sé que la cocaína me ha costado mis últimos tres empleos y sin embargo elijo esnifarla, primero debo borrar mi conocimiento, debo negarme a ver lo que veo y a saber lo que sé.  Reconozco que tengo una relación que destruye mi digni­dad, menoscaba mi autoestima y es peligrosa para mi bienestar físico.  Si a pesar de ello escojo mantenerla, debo ahogar la conciencia, sofocar el cerebro y volverme funcio­nalmente inestable.  La autodestrucción es un acto que se realiza mejor en la oscuridad.

 



 


Respuesta a la srta Alma

Enviado por el 07/12/2007 a las 8:59
Juan Carlos

De acuerdo a lo solicitado cumplo con informarle que desde nuestro punto de vista las funciones a la fechas han sido las correctas de acuerdo al estilo de vida que usted a definido. Vale decir : cuando ha llorado en el fondo ha estado pidiendo ayuda y hemos estado cauto a cumplir con un poco de alegría y tranquilidad, cuando ha perdido la fe, hemos evitado de que se apague todo en usted dando nuevamente un poco de alegría. Y así otros detalles que sugiero pueda dialogar con nuestro oficina adjunta "conciencia" encargada de llevar estos registros.

De su reclamo rescato que hemos de poner mas hincapie en sus oidos, vista y sentidos en general de forma que podamos lograr que usted entienda las respuesta a sus peticiones que en el fondo es el único propósito de nuestra existencia.

Por favor no dude en hacernos llegar cualquier otra consulta por que estamos aboslutamente y impostergablemente a sus ordenes.

Se despide atenta y eternamente, su alma.

 

P.D: Al leer tus textos veo que tienes "eso" 







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